Por estos días la situación de agitación y protesta social en distintas partes de Chile desborda los noticiarios de canales privados, públicos y las redes sociales. Si bien desde el poder se insiste en una condena a los actos de evasión y los hechos de violencia como hechos de vandalismo, pareciera instalarse la idea transversal de que el estallido social proviene de las condiciones estructurales. Condiciones que han provocado la desigualdad e inequidad en la vida social del país; representado en las pensiones miserables administradas por entidades privadas, la precariedad y reajustes a la salud primaria, el bajo sueldo mínimo, la precarización laboral, al aumento de sueldos y enriquecimiento de la clase política, entre otros. Esta llamada “olla a presión” se ve agravada por la impunidad histórica de los poderosos y la clase dominante, la corrupción, la colusión y la constante criminalización y represión militarizada de la protesta social. Existe hoy una condena transversal a la clase política, como a las inoperantes instituciones políticas, judiciales, policiales de la república.

Desde los jóvenes secundarios, y posteriormente en conjunto con la clase trabajadora, el pueblo ha impulsado una protesta nacional como no se veía en décadas en el país. Se trataría de una reacción, de un “despertar” como se le ha llamado, al vapuleo que hacen los poderosos de la dignidad de las personas. Si bien los incendios y saqueos afectan algunos espacios de abastecimiento (como el retail) y ciertos medios de desplazamiento como el metro o el transantiago (lugares de servicio y trabajo para una parte de la población), estos más otros lugares siniestrados (Enel, peajes, bancos) representan a los iconos indolentes de acumulación de capital, enriquecimiento, despojo y mercantilización de la vida que han sido parte del problema.

Por otro lado, la inoperancia en la administración de la crisis que hace el gobierno goza de una retórica que no termina de contradecirse con los hechos y sus acciones. Mientras hablan de separar la protesta pacífica de la violenta, vemos como a ambas se les responde de la misma forma. Las medidas paliativas e inmediatistas de congelar el alza de pasajes del metro, sin siquiera plantearse subsidiar ese y otros rubros que resienten al conjunto de la población, los sigue ubicando al interior de una burbuja que terminó de explotar.

Piñera ha dicho que estamos en guerra, que detrás de todo el descontento existe una “organización criminal”. Busca instalar esta noción, legitimar esta narrativa de los hechos, y con ello aislar a las amplias capas del pueblo que luchan y endurecer aún más la represión. Busca recuperar la legitimidad perdida, construir un enemigo interno para ubicarse como el sostén de la democracia. Por ello la batalla cultural es fundamental, es necesario seguir explicando los sentidos profundos de la lucha, insistir en todas partes en el significado más amplio y profundo de las movilizaciones, con nuestros vecinos, nuestras familias, nuestros compañeros de trabajo, no perder de vista que hay un “sentido común” en disputa… tenemos que ser capaces de seguir difundiendo la “buena nueva”, que otro horizonte es posible.

 

Ecuador, Cataluña, Chile y el Wallmapu

Si bien hay distinciones en las circunstancias que gatillan las crisis en pueblos como el ecuatoriano y el catalán, nos interesa destacar lo común de ambos con el caso chileno y el mapuche. Sobre todos ellos, hay sistemas cuyas representatividades son cuestionadas por ser etnocéntricas, clasistas y/o oligárquicas. Estos adoptan medidas unilaterales y autoritarias a manera de un “sacrificio país” que recae; no considera y anulan las voluntades y capacidades de incidencia de la sociedad. Políticas inconsultas y atentatorias a los intereses de las mayorías que se han expresado o consagran en referéndum, marcos normativos (convenios, declaraciones, pactos), estudios, encuestas, así como en épicas acciones y fecundas movilizaciones de los pueblos.

Estas prácticas, de un poder sórdido, se dan en el contexto de agresivos modelos extractivistas de acumulación y cínicos reconocimientos a la diversidad de corte neoliberal-multicultural, en los cuales se entremezcla el capitalismo, el patriarcado y el neocolonialismo. Si bien declaran intenciones inclusivas y “pertinentes” culturalmente, no hacen mayormente mucho por transformar las desigualdades que fundan las distintas formas de reproducción social dominante en los estados español, ecuatoriano y chileno. Viven en la absoluta indolencia y opulencia que pretenden naturalizar sin cambiar la situación de privilegio de su clase dominante, ni reinante. Se amparan en la fuerza y las normas que los mismos poderosos y grupos económicos han labrado, como un habitus histórico que les da el ser descendientes, sino genealógicos, ideológicos, de la conquista e invasión de nuestros territorios.

El sujeto “pueblo” ha estado detrás de los últimos acontecimientos revolucionarios, lo sabe y repite en todas las geografías que no serán vencidos mientras mantengan su unidad. Su voluminosidad y diversidad de representación y expresión los distancian de las lógicas políticas institucionalizadas que han alimentado a una partidocracia que terminó siendo tragada por el poder que han sabido alimentar. Unos reposicionando a sus líderes detenidos, otros por sus derechos conculcados, los más por su dignidad y/o el costo de la vida. Por cada uno de ellos y sus luchas se expresan y reafirman nuestros derechos políticos, civiles, territoriales, económicos, sociales y culturales. En eso estaremos y de eso nos ocuparemos siendo parte.

El neoliberalismo en crisis defendiéndose de los Pueblos.

El actual modelo económico, el neoliberalismo, está agotado. Es un hecho a la vista. Esta sentencia ha sido sostenida por diversos movimientos sociales durante las últimas décadas, entre ellos el movimiento mapuche. En la lectura de nuestro movimiento, el neoliberalismo ha significado el recrudecimiento de las lógicas de despojo y extractivismo de nuestro territorio, al mismo tiempo que ha configurado una lógica multicultural que celebra lo indígena como una mercancía, como un folclor vendible en el marco del multiculturalismo neoliberal. Ambas dimensiones profundizan la depredación de la naturaleza, el empobrecimiento de los territorios, y además impiden la autodeterminación de los pueblos, producto de la despolitización del discurso multicultural.

No es novedad que el movimiento mapuche viene dando claras muestras de que el neoliberalismo está agotado. Las quemas de camiones en el Lumaco de 1997, que inauguran el actual momento político de nuestro pueblo, fueron muestras de un descontento por el modelo forestal, el cual fue instalado precisamente como parte del proyecto económico neoliberal de la dictadura cívico-militar. Ese fue el hecho que marcó la fractura y la crítica más profunda a un modelo que empobrecía los campos del Wallmapu, saqueando el agua y los recursos. Las luchas también fueron y son contra las centrales hidroeléctricas, las mineras y frente a todo aquello que busca profundizar un extractivismo que no piensa en los pueblos, en los territorios, en la vida que allí se desarrolla.

Ante estas diversas luchas, los gobiernos de la Concertación y la Derecha actuaron tal como hoy lo hace Piñera, con Terrorismo de Estado. Desde Alex Lemun a Camilo Catrillanca, el movimiento mapuche ha visto como el Estado y sus aparatos de represión han asesinado a nuestros jóvenes, en completa impunidad. En noviembre próximo se conmemora un año del asesinato de Catrillanca, una bala por la espalda de la policía militarizada en el Wallmapu le quitó la vida a esta joven de Temucuicui, y todos pudimos presenciar el montaje, como Chadwick en cadena nacional decía que Camilo era un delincuente, un ladrón de autos, buscando legitimar su muerte. Finalmente, todos nos enteramos de la manipulación mediática. Camilo fue asesinado por Carabineros, los cuales estaban allí por razones políticas, el mismo Chadwick había alimentado la militarización de la zona. Hace unos meses el Congreso aprobó un informe donde culpaba políticamente al actual Ministro del Interior de la muerte de Camilo. Lo que hoy ocurre en todo Chile es una práctica recurrente en Wallmapu, están defendiendo militarmente un neoliberalismo agotado.

El mismo modelo que hoy hace ascuas, para el caso mapuche, ha sido una reformulación de una vieja lógica de gobernanza, una que impide que nuestro pueblo adquiera derechos políticos colectivos. La estrategia del neoliberalismo ha sido mostrarnos como un fetiche cultural, y desde allí impedir que logremos convertirnos en sujetos políticos. Estamos solo para la foto, no para participar de las tomas de decisiones. Esta lógica la hemos llamado colonialismo, dado que impiden que un pueblo puede autogobernarse, tener mayores grados de incidencia en el destino de nuestro territorio y de nuestra gente. Porque autodeterminación no es separarnos de Chile, sino democratizar las formas de participación. La libredeterminación es un horizonte para todos los pueblos de Chile, para generar desde los territorios otros modelos económicos, políticos y culturales, para que la sociedad pueda participar más allá de un voto cada cuatro años, para radicalizar la democracia. El pueblo mapuche lo exige, pero también lo exigen la sociedad chilena desde Quinteros, desde Chiloé, desde Freirina, desde Petorca, desde cientos de territorios.

Por cierto, la lucha del pueblo mapuche es por la vida, por una vida digna, por una buena vida. Estamos entonces con el pueblo de Chile, porque sabemos que el neoliberalismo solo ha traído desesperanza, empobrecimiento, desigualdad, y depredación de la naturaleza. Es por eso que nosotros hablamos de itrofilmongen, de respetar la diversidad de la vida, donde todos los seres deben ser igualmente tratados, donde el humano crezca y se desarrolle dignamente, y la naturaleza no sea pensada solo como una mercancía, sino como un ser con vida, que necesita ser respetada para que las próximas generaciones también la puedan disfrutar.

Como pueblo, estamos seguros, queremos construir un nuevo Chile. Para ello es vital abrir caminos para repensar esta tierra que guarda tanta diversidad de pueblos y horizontes, y que entonces nos encontremos en una Asamblea Constituyente Plurinacional, para refundar nuestros vínculos, nuestros anhelos, y construir un país donde la vida digna este al centro de la discusión, donde los territorios puedan concebir y proyectar sus horizontes, donde la naturaleza no sea saqueada y exterminada.

 

A DESMILITARIZAR CHILE!

A DESMILITARIZAR EL WALLMAPU!

TERRITORIO Y AUTODETERMINACIÓN!

ASAMBLEA CONSTITUYENTE PLURINACIONAL!

 

¡¡ LOS PUEBLOS UNIDOS JAMÁS SERÁN VENCIDOS !!

¡¡ KIÑEWAIÑ !!

CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES MAPUCHE –

COMUNIDAD DE HISTORIA MAPUCHE

 

Octufre kvllen, NGULUMAPU