Zuamgenolu fue presentado como libro el 23 de junio pasado en dependencias del Instituto de Estudios Avanzados de la Usach. A partir del trabajo colectivo que llevaron a cabo en este libro, historiadores y cientistas sociales Mapuche y no Mapuche, varios de ellos miembros de la Comunidad e Historia Mapuche, liderados en este proyecto por el destacado maestro Pedro Canales Tapia, podemos consignar al menos tres ideas a desarrollar.

En primer lugar, este libro se detiene en propuestas epistemológicas que se atreven a proponer nuevas posibilidades y a cuestionar “verdades veladas”. La historiadora y lamngen de Puelmapu, Fabiana Nahuelquir plantea, como idea basal en el prólogo del libro, que este trabajo es un aporte relevante en los estudios Mapuche que pretenden abrir surcos en un entramado “oficial” que impide habitualmente oír otras voces. Dicho de otra manera, este trabajo discute, a partir de la propuesta de Enrique Antileo, en torno a tópicos complejos como la subalternidad y la investigación social hoy por hoy, apuntando con esto una crítica seria y responsable a los estudios sociales que habitualmente se hacen en la actualidad. También se introduce “en los márgenes” de la historiografía reciente y el Pueblo Mapuche como ejercicio que devela la potencia xenofóbica y excluyente de estos testimonios a la hora de relatar la historia de la Gente de la tierra. En esta misma línea argumental, Mathias Órdenes profundiza en la gobernabilidad, la democracia y el conflicto que por décadas han afectado territorios Mapuche. De esta forma, los sujetos en contexto chilenizado han ido elaborando su historia en la más franca adversidad, cuestión que marca una pauta ideológica desde el Estado, que no trepida en violentar a niños(as) y adultos(as), militarizar y judicializar las movilizaciones y luchas Mapuche.

En segundo lugar, y en concordancia directa con la primera discusión, Zuamgenolu es un libro que enciende las luces de alerta acerca de debates “invisibilizados”, “ignorados” y “denostados” en Chile. Me refiero a la discusión en torno al peso del Colonialismo chilensis en la construcción de relaciones sociales, políticas y culturales con la otredad “morena”, “indígena” y “marginal”. En este sentido, Patricio Macaya nos lleva al siglo XIX, en tiempos en que las misiones religiosas y sus escuelas transmitían el influjo “civilizatorio” a los “barbaros” al sur del río Bío Bío. Las metodologías que se observan por parte de los religiosos dan cuenta de un discurso contra-étnico que perdura aún hoy en estas tierras, sumando hoy a los inmigrantes dentro de este discurso. Ya en el siglo XX pero bajo la misma base ideológica colonialista, Fernando Pairican propone un estudio a la Sociedad Nacional de Agricultura y su impacto político en los procesos de intervención de esta poderosa organización en la “Cuestión Mapuche” en la historia reciente. La tercera hebra de este debate es instalado por Juan Porma, cuando presenta antecedentes históricos de la comunidad Mapuche José Porma al sureste de Nueva Imperial. El peso colonial, fue una convulsión violenta que flageló un elemento clave en la pervivencia de un pueblo, su lengua, el mapudungun.

En tercer lugar, esta propuesta de trabajo colectiva asume como un aspecto central en la construcción de una sociedad plurietnica y preocupada de temas como la autonomía, los estudios y proposiciones en torno a la descolonización de las estructuras de poder y de las mentalidades. Jaime Antimil, lo sostiene en su investigación: rescatar la historia Mapuche en pos de reconstruir los territorios que fueron desintegrados luego de consumada la ocupación militar en 1883. El peñi Antimil se refiere a este esfuerzo como Kuifykezungun. Sin duda todo un desafío para la Historia y Ciencias Sociales de este país. Sergio Caniuqueo, en esta misma órbita dialógica, instala otra noción: el teatro como arma de resistencia y reconstrucción del antiguo país Mapuche o Wallmapu. Así también, Jorge Sir y Javier Huechuqueo sostienen que el recate de los saberes (Mapuche kimün) son un aspecto gravitante en los proceso de resignificación de las historias, los espacios, sujetos y demases en contextos urbanos. De esta forma, la descolonización no es asumida como una cuestión teórica, elucubrativa y menos como una meta sino más bien como una herramienta y un camino.

Creo que el esfuerzo de la Usach, por intermedio de la Vicerrectoría de investigación, de publicar Zuamgenolu, hace que esta casa de estudios asuma un foco de compromiso con la historia y los pueblos originarios, del Pueblo Mapuche más puntualmente, a modo de proyección para futuras publicaciones de esta índole, tanto para historiadores(as), cientistas sociales Mapuche y no Mapuche.

Quisiera por último, citar la dedicatoria del libro, simbólico y muy concreto a la vez, pues encierra las directrices de esta obra en cuanto debates de subalternidad, colonialismo y descolonización en un país llamado Chile, mirando al futuro con decisión: “Dedicado a Mankelef, Dwam, Alywen, Kinturay, Kalfü Manke, Azkin Lewlyñ y Malof Kürrüf, hijos/as de la nueva tierra que brota entre bosques húmedos, lunas, soles, cemento y conciencia de Wallmapu y sus sueños de libertad”.

Chaltümay / Gracias.

Filip Escudero Quiroz

Villa Alemana, Valle de Marga Marga, julio 2017.